De Córdoba a Madrid (y vuelta) 7

 Capitulo 7: La ansiedad

Definitivamente, aunque no quisiera, este capítulo se merece una entrada independiente a todo el resto. Hubo algo que escondí de Galder todo el tiempo, o al menos eso intentaba; no por miedo ni vergüenza, sino por cuidado. La ansiedad, para quien nunca la haya experimentado, es literalmente tu mente proyectando más de un escenario al mismo tiempo, y en todos ellos ocurre lo peor. Basta un mínimo detalle que se salga de lugar para que la mente ansiosa se ponga a trabajar a mil por hora.

Y eso sucedió un día. Era casi verano, llevábamos hablando más de un mes y medio, y lentamente me fue invadiendo mi queridísima y vieja amiga. "Se está alejando", me repetía, "se está alejando... probablemente no quiera estar más y no sepa cómo decirlo". Todo esto me decía mi propia mente mientras por fuera teníamos una conversación completamente normal. Sinceramente, ya no lo recuerdo con exactitud, pero seguro hubo algo que dijo o hizo, algo que viró apenas un milímetro de lo habitual, y ahí exploté.

La idea de estar amando a alguien que estaba pensando en dejarme me aterraba. Siempre tuve un rasgo autodestructivo, incluso con las cosas que sabía que eran buenas. Decidí que era mejor terminarle yo antes de que lo hiciera él, o que me hiciera sentir mal de a poco. Mandé un mensaje en el que (honestamente ya no recuerdo las palabras exactas) solo le decía que era mejor dejarlo todo ya. Debo confesar que no quería hacerlo, que solo quería estar con él, pero me dejé invadir por la ansiedad y sus estúpidos mandatos. Ante la idea de que me destrozara el corazón, prefería hacerlo yo misma.

Completamente confundido, Gal me pidió hablar por teléfono; no entendía qué había sucedido y, ¿cómo entender algo que no tiene mucho sentido? Lo peor es que este era su mayor miedo: que de repente un día yo despertara y decidiera dejarlo todo. ¿Y el mío? ¡Era el mismo! Lo cierto fue que esa llamada lo único que hizo fue desnudarnos uno frente al otro con nuestros miedos. Lo escuchaba nervioso y yo estaba al borde del llanto. No sabía gestionar bien la ansiedad, mucho menos una relación a diez mil kilómetros de distancia. Me trató con tanto amor, con tanto cuidado... Solo me había sentido así de amada cuando era una niña, con mis padres.

Este hito marcó un antes y un después que, de igual forma, era necesario para que la relación se mostrara real y no perfecta. Al fin y al cabo, somos seres humanos imperfectos. Aunque a Gal esto lo marcó, y a mí también, me juré no volver a cometer este error. Y aunque es cierto que luego otras veces he sentido ansiedad y he pensado tonterías, no he dejado que se apoderaran de mí; así como venían, las quitaba de mi foco. Mi corazón jamás dudó de su amor; mi mente solo quería protegerme e inventaba escenarios: "No va a venir", "Ya no tiene interés", "Quiere dejarlo y no sabe cómo", "No sos prioridad".

He desactivado mil bombas dentro mío. Lo hice por él y lo hice por mí. Porque él me cuidaba y cuidaba lo nuestro, y sentí que debía cuidarnos también, incluso de mí misma. Quizás Gal nunca lo sepa (o sí), pero por él aprendí a domar a mi bestia interna. No solo me sirvió para proteger lo nuestro, me sirvió para cuidarme a mí. Al fin de cuentas nos amábamos, ¿no? Eso hace uno cuando ama: lo cuida. 

Cada vez que he tenido algún pensamiento intrusivo, siempre SIEMPRE me detuve a ver el panorama completo. ¿Por qué alguien que ya no quiere estar con vos...

  • Te diría que te ama todos los días?-
  •  Compartiría tantas horas por día con vos?
  • Dejaría la comodidad de lo conocido por estar juntos?
  • Buscaría la forma de irse a vivir a otro continente?
  • Conseguiría un trabajo capaz de darle esa posibilidad?
  • Enfrentaría entrevistas incluso con nervios?
  • Te daría explicaciones sobre todo?
  • Estaría estresado por cumplir con lo que te prometió?
  • Repararía cada vez que hay un problema, incluso cuando él está molesto?

¿Tendría sentido ésto? No, ¿cierto? 
¿Qué se siente todo eso? Se siente que por primera vez era elegida, incluso con mis defectos. Era amada, y estaba en un lugar seguro. Y por eso me permití amarlo sin fronteras.

Todavía nos amamos. Él podrá tener errores, como todos, pero ante mis ojos (aunque estemos discutiendo, aunque esté enfadada) siempre será el hombre que amo, que he elegido y que elijo día a día. Por sobre todas las cosas elegiré siempre cuidarlo, porque si algo aprendí el día que intenté terminar todo, es que jamás me perdonaría ser la causante de su dolor. Es por eso que, aunque hemos tenido problemas, jamás pude guardármelo por mucho tiempo; gracias a que realmente somos el uno para el otro, siempre pude buscar la mejor forma de decirlo, pudimos hablar y repararlo. Siempre hemos salido de las crisis más unidos y fuertes. Porque no se trata de no tener roces, se trata de atravesar esos momentos y salir juntos de ellos.


Gracias, mi amor, no sabés cuánto aprendí y aprendo de mí con vos. Es por éstas cosas que te digo que soy feliz de haberte conocido.

Comentarios

Entradas populares